ESCISIÓN

16.12.2016 - 21.01.2017

Swinton & Grant, Madrid

Hasta hace no muchos años, cuando implícitamente casi todo era salvaje, la naturaleza era parte fundamental del ser humano.  No era algo que se visitase de vez en cuando, sino nuestro “hogar”.

Con la revolución tecnológica, nos adentramos en una realidad en la que nuestro entorno se fue cosificando debido a la formula nihilista y dócil de la sociedad capitalista, hasta desprenderse del origen mayor al que todo pertenece.

De esta forma, las sociedades tecnológicas han marcado una frontera ardiente con lo salvaje, sellando una desconexión con la naturaleza tan profunda que nos ha hecho olvidar elementos fundamentales como la interdependencia y la resiliencia del ser humano con su entorno primigenio.

Estamos en una sociedad que nos mantiene desconectados de nosotros mismos, de nuestras fuentes de energía vital, de nuestros instintos y del lugar primigenio que compartimos con el mundo animal. Parece que ya no recordamos que somos un animal más y que  llevamos en los genes lo salvaje (el giro rápido ante un ruido, el corazón acelerado ante el peligro, el silencio y la quietud al observar).

Entendemos la naturaleza –animales, plantas, ecosistemas, etc.- como un objeto exclusivamente material, proveedor de recursos que explotar con el fin de obtener beneficio.

Problemas como el cambio climático nos pone por delante otra realidad en la que los seres humanos no estamos por encima de nada, no somos la unidad representativa del planeta. Nos asomamos a un precipicio del que estamos a punto de caer, y solo el instinto animal del vértigo, nos permitirá dar un paso atrás y correr hacia lo salvaje.

Al entorno seguro.

Not long ago, when almost everything was implicitly wild, nature was a fundamental part of the human being. Nature was not a place where we could go every now and then, but our "home".

With the technological revolution, we entered into a reality in which our environment was reified because of the nihilistic and docile formula of capitalist society, even detaching ourselves from the greater origin where everything belongs.

And so on, technical societies have marked a fiery frontier with the wild, setting a so deep disconnection with nature that made us forget about fundamental elements such as the resilience and interdependence of the human being with its primeval environment.

We live in a society that keeps us disconnected from ourselves, from our sources of vital energy, from our instincts and from the primordial place we share with the animal world. It seems that there is no reminder left in our genes of our animal instincts (the fast turn after hearing a noise, the accelerated heart before the danger, the silence and the stillness when observing).

We understand nature - animals, plants, ecosystems, etc. - exclusively as a material object, provider of resources that we exploit in order to obtain profit.

Problems like climate change puts us ahead of another reality in which human beings are not above nothing, we are not the representative unit of the planet. We look at a precipice that is a point of falling, and only the animal instinct of vertigo could force us to step back and run towards the savage.

To the safe environment.